Si algo tiene Nintendo —y aquí no voy a descubrir nada nuevo— es una capacidad casi insultante para reinventar a sus personajes sin que pierdan su esencia. Mario ha sido fontanero, médico, piloto, deportista olímpico, explorador de galaxias y hasta protagonista de juegos de puzles. Pero hay una saga en particular que siempre me ha parecido especialmente valiente: Paper Mario.

Dentro de este spin-off, Nintendo e Intelligent Systems decidieron romper con la representación tradicional del personaje y convertirlo literalmente en papel. No como una simple estética, sino como una idea vertebradora del diseño, las mecánicas y la narrativa. Paper Mario no es solo “Mario dibujado”, es una reinterpretación conceptual del universo del Reino Champiñón.

Mi primer contacto con la saga fue en Wii, con Super Paper Mario, un título que aún hoy recuerdo con muchísimo cariño por su audacia: alternar 2D y 3D como mecánica central era algo que, sencillamente, no se veía todos los días. Aquel juego entendía que ser diferente no implicaba renunciar a la profundidad.
Con Paper Mario: The Origami King, sin embargo, Nintendo decide volver a girar el volante. Y el resultado es… interesante, irregular y, sobre todo, frustrante por lo cerca que está de ser algo realmente grande.

Esta entrega de Paper Mario se caracteriza por su afabilidad

Una historia con buenas ideas… y una ejecución irregular

A nivel narrativo, Paper Mario: The Origami King parte de una premisa tan absurda como brillante: el Reino Champiñón ha sido transformado mediante el poder del origami por el rey Olly, que busca replegar el mundo a su antojo. Todo, absolutamente todo, se pliega, se dobla y se transforma.

La historia mantiene el tono habitual de Paper Mario: humor autoconsciente, situaciones absurdas y un constante romper la cuarta pared sin llegar a ser molesto. Hay diálogos realmente bien escritos, momentos cómicos muy acertados y una sensación constante de estar jugando algo que no se toma demasiado en serio… al menos en la superficie.

Sin embargo, conforme avanzan las horas, empiezo a notar una desconexión. La narrativa funciona bien a nivel local —escenas, personajes concretos, chistes puntuales—, pero le cuesta mantener un hilo emocional fuerte durante todo el viaje. No es una mala historia, pero sí una que se diluye entre mecánicas y decisiones de diseño que parecen ir por otro camino.

Y aun así, cuando el juego quiere tocar la fibra, sabe hacerlo. Y aquí es imposible no mencionar a Olivia.

Olivia, nuestra fiel compañera, tiene un arco de crecimiento que es de lo mejorcito del juego

Olivia: el corazón de papel del juego

Si hay un elemento que justifica por sí solo gran parte de la experiencia, esa es Olivia. La pequeña compañera de Mario no solo funciona como guía o apoyo narrativo, sino como ancla emocional del juego.

Olivia es ingenua, sensible, preocupada por el mundo que la rodea y, poco a poco, va creciendo ante nuestros ojos. Su arco narrativo está muy bien construido, y lo hace desde la sencillez, sin grandes alardes ni discursos grandilocuentes. Es un personaje que se gana el cariño de forma natural.

En una saga donde acompañantes como Goombella o Tippi dejaron huella, Olivia consigue destacar por algo muy concreto: transmite vulnerabilidad. No es una “helper” omnisciente, ni una excusa para explicar mecánicas; es alguien que siente el peso de lo que ocurre y que evoluciona emocionalmente.

Y sí, lo digo sin pudor: Olivia se me quedó grabada. De esas compañeras que, cuando apagas la consola, siguen ahí un rato más.

Olivia, la verdadera heroína de este Paper Mario

El sistema de combate: originalidad mal canalizada

Aquí entramos en el núcleo del problema.
El sistema de combate de Paper Mario: The Origami King es, sin duda, una de las propuestas más originales que ha tenido la saga… y también una de las más fallidas en su ejecución.

El concepto del anillo

Los combates se desarrollan sobre una rueda dividida en anillos concéntricos. Antes de atacar, debemos reorganizar a los enemigos moviendo o rotando estos anillos para alinearlos correctamente. Si lo hacemos bien, obtenemos bonificaciones: más daño, ataques en área, ventajas estratégicas.

La idea, sobre el papel (nunca mejor dicho), es brillante. Introduce un componente de puzle en cada combate y obliga al jugador a pensar antes de actuar.

El problema del ritmo y la coherencia

El gran fallo es que el sistema no termina de comunicar bien sus propias reglas. Hay combates donde tenemos dos movimientos, otros donde tenemos tres, a veces sin una razón clara. El juego no explica de forma consistente por qué ocurre esto, y esa falta de transparencia genera frustración.

Además, hay situaciones en las que colocar correctamente a los enemigos es, sencillamente, imposible. No porque el puzle sea complejo, sino porque el diseño del encuentro parece no haber sido pensado para ser resuelto limpiamente.

El resultado es que el combate, lejos de ser estimulante, acaba convirtiéndose en una obligación mecánica. Y en un RPG —o en algo que quiere parecerse a uno— eso es un problema serio.

Un RPG sin progresión: la gran contradicción

Uno de los aspectos que más me ha pesado en este Paper Mario es su relación contradictoria con el género RPG. El juego adopta muchos de sus elementos superficiales, pero renuncia a otros fundamentales.

No hay un sistema de niveles tradicional. Mario no sube de nivel, no aprende nuevas habilidades, no mejora estadísticas de forma orgánica. La progresión se limita a aumentar la vida o a cambiar los objetos de ataque.

Esto genera una sensación extraña: jugamos durante decenas de horas, pero Mario es prácticamente el mismo personaje desde el principio hasta el final. En títulos como Paper Mario: La puerta milenaria, cada combate contribuye a una sensación de crecimiento real. Aquí, no.

Los compañeros, además, están infrautilizados. Acompañan a Mario, participan ocasionalmente en combate, pero no los controlamos directamente, lo que reduce su impacto jugable y emocional.

Exploración y diseño de mundo: luces y sombras

Donde el juego sí brilla con fuerza es en la exploración. Los escenarios están llenos de secretos, coleccionables, puzles ambientales y pequeños detalles visuales que refuerzan constantemente la idea del mundo de papel y origami.

Cada zona tiene identidad propia, y el diseño artístico consigue que explorar sea, en general, satisfactorio. Hay momentos en los que el juego recuerda por qué Paper Mario siempre ha sido una saga especial.

Sin embargo, la falta de recompensas significativas a nivel jugable hace que explorar sea más una experiencia contemplativa que mecánica. Descubrir secretos está bien, pero cuando lo que obtienes no afecta realmente a tu forma de jugar, algo se pierde por el camino.

La exploración, por su parte, si está bien conseguida

Apartado técnico y motor gráfico

A nivel técnico, Paper Mario: The Origami King utiliza un motor interno de Nintendo adaptado por Intelligent Systems para Switch. No es un motor pensado para alardes técnicos puros, sino para exprimir dirección artística y coherencia visual.

El rendimiento es muy sólido: resolución estable, framerate constante y tiempos de carga bien disimulados. El uso de iluminación, sombras suaves y texturas planas refuerza la estética de manualidades sin caer en la simpleza.

El trabajo con animaciones es especialmente destacable. Cada personaje se mueve como si realmente estuviera hecho de papel: pliegues, dobleces, arrugas… todo comunica materialidad. Aquí, técnica y arte van de la mano de forma ejemplar.

La música acompaña con solvencia, mezclando melodías alegres con tonos más melancólicos cuando la historia lo requiere. No es la banda sonora más memorable de la saga, pero cumple su función con creces.

Paper Mario: el peso del pasado

Comparar The Origami King con otros Paper Mario es inevitable. Y aquí es donde el juego sale peor parado.

Paper Mario 64 y La puerta milenaria entendían el RPG como un sistema completo: progresión, estrategia, personajes jugables y combates que evolucionaban con el jugador. Super Paper Mario, por su parte, rompía con todo, pero lo hacía con una idea clara y valiente.

The Origami King se queda en tierra de nadie. No es un RPG profundo, pero tampoco un experimento radical. Quiere innovar, pero sin comprometerse del todo. Y esa indecisión se nota.

La comparativa con otros Paper Mario deja a este en no muy buen lugar

Un juego bueno que pudo ser grande

Paper Mario: The Origami King no es un mal juego. En absoluto. Es divertido, tiene encanto, está lleno de buenas ideas y presenta uno de los acompañantes más entrañables de la saga. Pero también es un título que duele un poco, porque se nota que podría haber sido mucho más.

Nintendo planteó algo interesante, pero no terminó de confiar en su propio planteamiento. El sistema de combate, lejos de evolucionar, acaba estancándose. La falta de progresión resta peso a la experiencia, y la sensación de crecimiento es mínima.

Y aun así… hay algo ahí. Hay momentos, diálogos, escenas y personajes (Olivia, siempre Olivia) que hacen que el viaje merezca la pena. No por ser perfecto, sino por ser honesto en su intento de ser diferente.

Quizá Paper Mario sigue buscando su identidad definitiva. Quizá nunca vuelva a ser aquel RPG clásico que muchos añoran. Pero mientras existan juegos como The Origami King, imperfectos pero valientes, seguiré teniendo curiosidad por ver qué será lo próximo que Nintendo decida doblar, plegar… o romper.

Porque al final, incluso cuando falla, Paper Mario sigue siendo una saga especial. Y eso, hoy en día, no es poca cosa.

Al final es un juego que puede llegar a entretener, aunque le falte brillantez

71% Irregular

Paper Mario: The Origami King ofrece ideas originales y un mundo visualmente encantador, pero muchas mecánicas no terminan de funcionar como deberían. El combate por turnos y la progresión se sienten a medio desarrollar, lo que limita su potencial. Aun así, personajes como Olivia logran dejar una huella emocional que eleva la experiencia.

A tope
  1. Mundo y gráficos muy vistosos y originales
  2. Ideas de combate creativas y diferentes a otros RPG
  3. Olivia, un personaje entrañable que aporta gran carisma
Meh
  1. Mecánicas de combate a veces confusas e inconsistentes
  2. Falta de progresión y desarrollo de habilidades
  3. El juego no termina de encontrar su tono, se siente irregular
  • Historia 70 %
  • Jugabilidad 70 %
  • Progresión 60 %
  • Gráficos 90 %
  • Sonido 65 %
  • User Ratings (0 Votes) 0 %