Hay temas que no solo acompañan un juego, sino que lo definen. Que se incrustan en la memoria colectiva como un disparo a bocajarro. Pocos ejemplos tan claros como “E1M1 – At Doom’s Gate”, la pieza compuesta por Bobby Prince para abrir el legendario DOOM de 1993. Un riff de guitarra eléctrica que estalla como una escopeta y te dice, sin rodeos, que ha empezado la masacre.
Contexto histórico: el nacimiento de un mito pixelado
En 1993, el mundo de los videojuegos vivía una revolución. El PC, hasta entonces un terreno reservado a aventuras gráficas y simuladores, empezaba a demostrar su potencial como plataforma para la acción. Id Software, tras el éxito de Wolfenstein 3D, trabajaba en algo más grande, más brutal, más rápido. Así nació DOOM, y con él, una nueva forma de entender los videojuegos de disparos.
DOOM no solo fue una revolución jugable por su ritmo frenético, sus niveles laberínticos o su atmósfera infernal. También lo fue en lo sonoro. Bobby Prince, el encargado de la música y efectos de sonido, entendió que el jugador necesitaba algo más que acompañamiento: necesitaba un empuje. Y ahí entra en juego E1M1.
El ADN del sonido Doom
La “música doom”, entendida aquí como el sonido característico del videojuego DOOM, nace de una mezcla explosiva: heavy metal, thrash, industrial y la urgencia del midi noventero. Bobby Prince, compositor y excombatiente en Vietnam, entendía como pocos el tempo de la violencia. Su trabajo para DOOM no es música de fondo, es un motor que impulsa la jugabilidad.
E1M1 es más que un tema pegadizo. Es una declaración de intenciones. Desde el primer acorde, una influencia clara: el thrash metal de Slayer y Metallica. El riff se inspira abiertamente en “No Remorse” de Metallica y “South of Heaven” de Slayer, aunque reconfigurado para encajar en el chip de sonido de las Sound Blaster.
Análisis técnico: MIDI y metal crudo en código
Técnicamente, E1M1 fue compuesto utilizando el formato MIDI, que en 1993 era el estándar en PC. Lo interesante es cómo Prince sacó partido de sus limitaciones. MIDI no reproduce audio grabado, sino que envía instrucciones a la tarjeta de sonido para interpretar notas, timbres y ritmos. Dependiendo del hardware del usuario, el resultado podía sonar distinto.
Prince diseñó el tema con los instrumentos de la Sound Blaster 16 en mente, una tarjeta de sonido muy extendida en la época. Usó una batería marcada, con énfasis en el bombo y la caja para simular la potencia del thrash metal, y programó los riffs de guitarra eléctrica con un sonido distorsionado que, aunque rudimentario, lograba transmitir fuerza y tensión.
El riff principal se compone de una figura rítmica en semicorcheas, repetida y transpuesta levemente. Esa repetición, lejos de ser monótona, genera un efecto hipnótico y agresivo. A esto se suma una línea de bajo que refuerza las raíces graves, y una estructura rítmica cuadrada que encaja perfectamente con el diseño de niveles y la acción constante.
Crítica musical: estructura, energía y función
A nivel estructural, E1M1 es una pieza breve y repetitiva, lo que en otro contexto sería un defecto. Pero aquí, funciona como una maquinaria rítmica perfecta: acelera la acción, mantiene al jugador en tensión y nunca interfiere en la jugabilidad. La batería programada crea una sensación constante de embestida, y el riff principal actúa como mantra agresivo. No hay melodía suave, ni descanso: todo es empuje y presencia.
Lo brillante es cómo la música acompaña a un juego que también es pura urgencia. DOOM no tiene pausas, no tiene diálogos, no hay argumento explícito: solo tú, el infierno y el metal. E1M1 lo sabe y lo refleja. La música doom aquí no adorna: define el tono.
Legado y reinterpretaciones
Con el paso del tiempo, E1M1 se ha convertido en uno de los temas más versionados y reverenciados de la historia del videojuego. Desde bandas tributo hasta orquestas sinfónicas, pasando por remixes electrónicos y homenajes en otros títulos, la pieza de Bobby Prince ha trascendido su tiempo.
En 2016, Mick Gordon retomó el espíritu de esta música doom en la brutal banda sonora del reboot de DOOM, donde el metal industrial y el djent llevaron el sonido a nuevos niveles de agresividad. Sin embargo, la sombra de E1M1 sigue presente, porque ninguna otra pieza encapsula tan bien lo que significa entrar al infierno con una escopeta en la mano.
Además, muchos desarrolladores y compositores citan este tema como una influencia directa. La música del primer Quake, Duke Nukem 3D, e incluso títulos actuales de estética retro como Dusk o Prodeus, beben directamente de su estilo.
Conclusión: un riff que lo cambió todo
E1M1 no necesita florituras ni desarrollos complejos. Su fuerza está en su simplicidad feroz. Es el ejemplo perfecto de cómo la música puede ser parte integral de una experiencia jugable, no un añadido. Y por eso, aunque hayan pasado más de 30 años, sigue sonando actual, vibrante, peligrosa.
La música doom no empieza ni termina con E1M1, pero esta fue la puerta. Una puerta que no se abre: se revienta de una patada. Y al otro lado, espera el infierno con una sonrisa y una guitarra eléctrica en llamas.



